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Parroquia de San Miguel Arcángel

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Historia y Orígenes: De la Reconquista al Marquesado

El origen de la actual Parroquia de San Miguel Arcángel se remonta a los tiempos de la Reconquista cristiana. Tras la toma de estas tierras, el rey Alfonso X el Sabio concedió el término de «Daya» al noble Fernán Pérez de Guzmán. En aquel entonces, el asentamiento apenas consistía en una casona fortificada para el señor y una pequeña ermita que daba servicio a una docena de familias.

Con el paso de los siglos, la importancia de Daya Nueva creció. En 1566, el caballero Jaime de Masquefa constituyó la Baronía de Daya Nueva, momento en el cual la antigua ermita comenzó a ejercer funciones parroquiales de pleno derecho. Más tarde, el patronazgo recayó en los Marqueses de Dos Aguas, quienes durante generaciones se encargaron de presentar a los párrocos y mantener el edificio, consolidando el templo como el corazón social y espiritual del municipio.

El Renacer tras la Tragedia: El Terremoto de 1829

Uno de los hitos más definitorios de nuestra parroquia fue su destrucción total. El 21 de marzo de 1829, un violento seísmo asoló la Vega Baja, reduciendo el antiguo templo a escombros.

La reconstrucción no fue inmediata, pero gracias al empeño del Marqués de Dos Aguas, se levantó el edificio que admiramos hoy.

El diseño actual es fruto de esa superación, integrando estilos que evolucionaron desde el siglo XIX hasta el XX. Esta historia de reconstrucción es un símbolo del carácter de los habitantes de Daya Nueva, que supieron levantar de nuevo su patrimonio tras la catástrofe.

Tesoros Ocultos: El Enigma Íbero

La Parroquia de San Miguel no solo mira al cielo, sino que guarda secretos milenarios bajo su suelo. En 1993, durante unas excavaciones, se descubrieron restos arqueológicos de un monumento funerario íbero (siglo V-IV a.C.).

El hallazgo más relevante fue un pilar-estela, una estructura monumental decorada con motivos vegetales y geométricos similares a los encontrados en el prestigioso yacimiento de La Alcudia. Este descubrimiento sitúa a nuestra iglesia sobre un lugar de importancia sagrada y social que se remonta a más de 2.500 años, conectando directamente a los vecinos actuales con los antiguos pobladores de la Península.

Arquitectura y El Campanario de «Tejas Azules»

El edificio destaca por su planta de cruz latina, ampliada en el siglo XVIII con una cúpula de media naranja que aporta luz y majestuosidad al crucero.

Sin embargo, el elemento más icónico es su torre campanario:

  • Diseño: De planta cuadrada y dos cuerpos, se integra perfectamente en la fachada principal.
  • Estética: El tejado a cuatro aguas está revestido con las características tejas azules vidriadas, típicas de la tradición levantina, que contrastan con la tonalidad amarilla de los muros exteriores.
  • Curiosidades: En su interior, una escalera de caracol de hierro rojo conduce hasta la sala de campanas. En las paredes de la torre se conservan graffitis y dibujos antiguos (como un barco), realizados por vecinos y campaneros a mediados del siglo XX, que forman parte de la historia no escrita del pueblo.

Las Voces de Daya Nueva: Inventario de Campanas

El conjunto sonoro de la parroquia es un Bien de Relevancia Local protegido por la Generalitat Valenciana. Cada una de nuestras cuatro campanas cuenta una historia diferente:
  • Jesús, María y José (1742): Con casi tres siglos de antigüedad, es la joya del conjunto. Procede de una antigua espadaña y es testimonio del sonido original del pueblo antes del gran terremoto.
  • María Inmaculada (1963): Es la campana mayor, dedicada a la patrona. Fue fundida en los talleres de Salvador Manclús en Valencia y es la que marca los momentos más solemnes de la vida municipal.
  • Micaela Bárbara (1963): Una pieza industrial que sustituyó a una campana más antigua, manteniendo viva la tradición de los repiques diarios.
  • Campana de las Horas (c. 1950): Fabricada en hierro, es la encargada de marcar el ritmo del tiempo en el día a día de Daya Nueva.

El origen de la campana refundida

Aunque la campana actual (Micaela Bárbara) fue fundida en 1963, el metal que la compone proviene de una pieza mucho más antigua. Según los registros técnicos de la fundición de Salvador Manclús y los estudios epigráficos realizados:

  • Año de la primera fundición: La campana original databa de finales del siglo XVIII o principios del siglo XIX.
  • Origen del maestro artesano: Aunque no se conserva el nombre exacto de la persona, el diseño y las inscripciones originales indicaban que fue obra de un fundidor cántabro (del norte de España). Estos maestros campaneros eran famosos por viajar por toda la península instalando hornos a pie de torre para fundir los bronces.
  • La pieza original: Tenía un diámetro de 57 cm y un peso de 107 kg. Estuvo en servicio durante aproximadamente 160-180 años antes de ser bajada de la torre para ser refundida.

El misterio de las «dos torres» originales

Según las crónicas del siglo XVIII (específicamente de un documento de 1712), existe una referencia que sugiere que la fábrica de la antigua iglesia debía incluir «una o dos torres». Esto se deduce porque, durante una visita pastoral en noviembre de ese año para recibir al visitador apostólico Don José Claramunt, las crónicas mencionan que:

  • Se echaron al vuelo las campanas de dicha Parroquial.
  • El repique fue constante durante toda la ceremonia, lo que habitualmente en templos de cierta relevancia de la época implicaba el uso de más de una torre o una estructura preparada para albergar un juego complejo de bronces.

¿Por qué solo hay una hoy?

Tras el devastador terremoto de 1829, que redujo el templo a escombros, la reconstrucción llevada a cabo bajo el patrocinio del Marqués de Dos Aguas simplificó el diseño.

  • Muchos pueblos de la Vega Baja que fueron reconstruidos tras el seísmo adoptaron un urbanismo y una arquitectura más funcional y segura ante futuros temblores.
  • En el caso de Daya Nueva, se optó por la torre única de planta cuadrada que vemos hoy, situada junto a la fachada principal, priorizando la solidez estructural.

Curiosidades y Secretos de nuestro Campanario

Detrás de los muros de piedra y el bronce de las campanas, la Parroquia de San Miguel guarda historias que han pasado de generación en generación.

¿Sabías que…?

1. El «Alma» que sobrevivió al Terremoto, Nuestra campana más pequeña, dedicada a la Sagrada Familia (1742), es una auténtica superviviente. Es el objeto más antiguo del templo que sigue en uso. Cuando el gran terremoto de 1829 derribó la antigua iglesia, esta campana fue recuperada de entre los escombros. Al escucharla hoy, estamos oyendo exactamente el mismo sonido que escuchaban nuestros antepasados hace casi 300 años.

2. Los «Graffitis» de los antiguos Campaneros, En el interior de la torre, junto a la escalera de caracol, se conservan inscripciones y dibujos realizados a mano por quienes custodiaban las campanas a mediados del siglo XX. El más curioso es el dibujo de un barco, una imagen sorprendente para un pueblo de interior como el nuestro. Se cree que los campaneros, en las largas horas de espera entre toques, plasmaban sus anhelos o recuerdos de la costa en las paredes de la torre.

3. El Misterio de los Maestros Cántabros, Antiguamente, las campanas no se traían en camiones desde fábricas lejanas. Los maestros fundidores de Cantabria viajaban por toda España y montaban un horno provisional a los pies de la iglesia. Allí mismo fundían el metal y daban forma a la campana. Aunque la campana original de la época de la Baronía fue refundida en 1963, su metal —ese bronce «bendecido»— sigue formando parte de la campana mayor actual.

4. Las «Tejas Azules» que miran al mar, El color azul de nuestro tejado no es casualidad. En la tradición levantina, el azul simboliza la protección celestial y el manto de la Virgen. Además, el brillo de estas tejas vidriadas servía antiguamente como punto de referencia para los agricultores que trabajaban en la huerta de la Vega Baja; desde kilómetros de distancia, el destello del sol sobre el campanario les indicaba que estaban cerca de casa.

5. Una Campana con «Nombre Propio», La campana Micaela Bárbara tiene una particularidad: sus inscripciones son una copia de una campana mucho más antigua que se perdió. Es común que las campanas reciban nombres de santos o de sus padrinos (vecinos ilustres del pueblo que sufragaban el coste). En Daya Nueva, el nombre de nuestras campanas refleja la devoción y el cariño de las familias que ayudaron a reconstruir el patrimonio tras tiempos difíciles.

Archivo 1
Archivo 2
Archivo 3
Archivo 4

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